miércoles, 5 de marzo de 2014

Lo que de verdad importa.



Siempre afirmo que nos pasamos la vida diciendo más cosas malas que buenas. Al igual nos pasa en centrarnos en lo malo que nos ocurre, y prestando una atención efímera a lo bueno.
A muchas personas nos cuenta horrores decir "te quiero" a la gente que queremos y nos importa, decir "lo siento" cuando nos equivocamos, dar abrazos, besos, mensajes de apoyo, de ánimo, o simplemente decirles de corazón "que tengas un buen día", "qué tal ha ido tu día?". Sin embargo, cuando discutimos con alguien, la mayoría de las veces decimos multitud de cosas sin pensar, y de las que normalmente acabamos arrepintiéndonos.

"No prometas cuando estés feliz,
no respondas cuando estés enojado,
no decidas cuando estés triste."

Generalmente, no cumplimos ninguna de estas cosas.
Vivimos tan rápidamente que no prestamos día a día atención a las cosas realmente importantes. ¿Y qué son las cosas realmente importantes? Son las personas a las que queremos; ellas hacen nuestra vida mejor. Dice otro proverbio que "si quieres ir rápido camina sólo, si quieres llegar lejos ve acompañado", y la vida termina haciéndonos ver la verdad de este dicho. Las tristezas, son menos tristes cuando las compartimos con la gente que de verdad está con nosotros, así como las alegrías de igual manera son mucho mejor en compañía.
Conocí el significado de la palabra "relativizar" al trabajar en el mundo de las emergencias. Pero cualquiera de nosotros la ha conocido cuando ha vivido un mal momento. 
Relativizar: Conceder a algo un valor o importancia menor.
Tras trabajar con gente que ha perdido a sus seres queridos, uno se da cuenta de la poca importancia que tiene salir de la ducha en invierno y que hayamos dejado la toalla lejos (cosa que seguro que a todos nos irrita en el día a día), o lo relativo que es la película que vamos a ver al cine, cuando lo importante es con quién vamos a compartir ese rato. 
La gran ventaja de relativizar es que nos centra en lo importante de la vida. Pero no todo es perfecto: somos capaces de hacerlo en los momentos posteriores de haber perdido a alguien, de haber cometido un error y analizarlo, o, porqué no, cuando vemos o nos cuentan una mala noticia, y todos decimos "hay que centrarse en lo importante, que uno nunca sabe cuánto estará aquí..." pero, con el paso de los días, volvemos a nuestro ritmo de vida y nos vuelve a irritar dejarnos lejos la toalla al salir de la ducha.
Lo ideal sería que fuéramos capaces de valorar todo lo que tenemos a diario. Pero generalmente vivimos posponiendo multitud de cosas, y en un elevado porcentaje posponemos las importantes, ocupando su hueco con las urgentes. 
Volviendo al principio de esta entrada, ¿qué pasaría si hoy nos despertáramos con la noticia de que alguien a quien queremos ya no está? ¿Nos habrían quedado multitud de cosas que decirle? ¿un "te quiero"? ¿un "lo siento"? ¿un "eres muy importante para mi y quiero que lo sepas cada día? Vivimos pensando que tenemos control sobre las cosas que pasan y nos desmorona cuando nos damos cuenta de que no es así. 

 Recuerdo una escena final de la película "Como perder a un chico en 10 días", en la que la protagonista escribe un artículo en una revista sobre todo lo que ha hecho mal en una relación. Nuestra revista particular a día de hoy es un servicio de mensajería instantánea, o una página de red social.  A todos nos gusta recibir un mensaje bonito en nuestro móvil, y éstos servicios  nos han dado esa posibilidad, pero también nos han quitado el compartir momentos reales (todos hemos estado tomando un café en una mesa en la que varias personas teclean en su móvil en lugar de hablar con la persona que tienen delante). Compaginemos ambas cosas; dediquemos a la gente que queremos palabras bonitas por cualquier medio, pero no perdamos el abrazo, el beso, el "lo siento" o el "te quiero" frente a frente. 
Aprendamos a saber lo que tenemos antes de perderlo. Y que el amor por la gente que queremos gane siempre.







lunes, 17 de febrero de 2014

¿Crees en ti?




               En época de exámenes, es muy común escuchar en cualquier lugar conversaciones acerca de ello.

Hace un par de mañanas, cuando viajaba en autobús, iban sentados detrás de mi dos chicos que hablaban sobre sus exámenes. Al principio no me llamaron la atención más que cualquier otro murmullo conversacional que se oía, hasta que escuché que decían:

 – “Yo se que he suspendido, y ahora hablando contigo más porque no lo hice así….”

 – “Quizás no lo tengo bien, porque al salir lo comparé con varias personas y no nos salía lo mismo”.


Me llamó mucho la atención por lo siguiente: ¿Cuánto confiamos en nosotros mismos?

En mi época de estudiante recuerdo haber tenido también ese sentimiento, acabar un examen, salir contenta, y cuando comparaba con mis compañeros, me entraban las dudas. ¿Por qué ellos iban a tenerlo bien e iba a ser yo la equivocada?

No es una mera cuestión de exámenes, sino de confianza.

Por supuesto que no siempre estamos en posesión de la razón, pero es curioso la facilidad con la que la confrontación con otros nos hace dudar de nosotros mismos.
  


La confianza en uno mismo depende en gran medida de las experiencias vividas, de la personalidad y del ambiente que nos rodea.

Confiar en uno mismo nos ayuda a actuar y a expresarnos con mayor seguridad, conseguimos creer que nuestras opiniones, ideas, sentimientos, cuentan, que son importantes.

Esta semana queremos animaros a que llevéis a cabo este pequeño ejercicio:

“ Tómate unos minutos y piensa ¿qué cosas haces con plena confianza en ti mism@?  
Reflexiona un poco sobre ello y trata de enumerar al menos 5.
Anótalos en un lugar donde puedas verlos, te animarán cuando creas que no eres capaz de algo":

1 –
2 –
3 –
4 –
5 –  
  

                Algunas cosas de las que yo soy capaz:

1 - Soy capaz de decir que No asertivamente cuando quiero que sea "No".
2 - Soy capaz de proponerme una tarea concreta y centrarme en ella hasta terminarla.
3 - Soy capaz de hablar en público aunque me cueste hablar delante de otros.
4 - Soy capaz de seguir una dieta sana.
5 - Soy capaz de disfrutar de los pequeños placeres del día a día.



"Tanto si cree que puede, como si no, tiene razón". 
Henry Ford.




             Y recordad "Nunca dejéis que nadie os diga que no podéis hacer algo. Si tenéis un sueño, perseguirlo


(Fragmento de la película “En busca de la felicidad”)








martes, 11 de febrero de 2014

Re-Ilusionarse

    La semana pasada, tomando café con una amiga,  me di cuenta que, un buen rato de nuestro reencuentro, lo habíamos pasado hablando de lo malo que hacía, de las pocas ganas que teníamos de salir de casa y de la pereza que nos daba realizar cualquier tarea.

      Y es que el clima frío, los días más cortos, la ausencia de sol y la abundancia de lluvia y viento, son una ‘agradable’ combinación invernal que pone muy fácil caer en la tristeza y el negativismo. 

      Nosotr@s aquél día, y mucha gente a diario, sin darnos cuenta creamos entornos grises de los cuales nos rodeamos. Por ello, se hace necesario comprender nuestras emociones y saber gestionarlas, solo así, podremos sacar el mayor partido a nuestras vidas y permanecer con los ojos bien abiertos cuando algo bonito pase por nuestro lado.

      

      


    Reilusionarnos cada día con lo que hacemos y vivimos, y crear entornos positivos a nuestro alrededor es vital para cambiar nuestro destino. Como os decía, hace muy malo fuera, asique hoy me ha dado por hacer un ejercicio facilísimo y muy rápido. ¿Crees imposible la existencia de ejercicios para optimizar el hábito del optimismo? Acompáñame en este ejercicio y lo descubrirás. 

      Piensa por un segundo tres cosas:

               -Un recuerdo bonito

               -Una persona a la que quieres

               -Un deseo para el futuro

    Ahora es hora de asignarle un color que represente a cada uno de los elementos que hay en tu lista anterior. Con ello asociamos cada elemento positivo con ese determinado color.

    Recorta círculos (en mi caso formas) con cartulina de esos colores que te han sugerido y pégalos donde puedas verlos. 

    Éste es mi resultado:

Un recuerdo bonito: Tardes en el río con mi prima

Una persona a la que quieres: Mis padres

Un deseo para el futuro: El trabajo de mis sueños



Poco a poco, a base de ir topándote con estas formas y sus colores y revivir esos sentimientos positivos, irás entrenando tu cerebro para que genere de forma habitual y casi automática el bienestar emocional y el optimismo.


Y si quieres ver cómo le funciona este mismo experimento en colectivo a Elsa Punset, no dejes de ver el vídeo que lo ilustra:

-Redes. ‘Neurociencias’. El optimismo. La mirada de Elsa. Elsa Punset



Ojo al curioso truco de Benjamin Zander, director de la Filarmónica de Boston, para crear entornos positivos. Para descubrirlo, tendrás que ver este otro vídeo que te dejo más abajo. Pero ¡¡ánimo!! Solo es una tortura maravillosa de 5 minutos.  :)

-Redes. ‘Emociones’. Inteligencia emocional. El poder de las emociones positivas. Elsa Punset
http://www.youtube.com/watch?v=g7ZkCiwsps0




 *Pronto te sorprenderás a ti mism@ saboreando  la cantidad de cosas buenas que te pasan a diario*


lunes, 3 de febrero de 2014

(E)lecciones.



Mi prima de 5 años fue quien me animó a escribir sobre las elecciones, cuando hace un par de tardes la observé cómo elegía entre tres muñecas que tenía. Le habían dicho que sólo podía llevarse una a la calle, y para decidir cuál de ellas sería, cantaba la rifa que todos conocemos de “una dole tele catole quile quilete estaba la reina en su gabinete…”. 

Lo repitió tres o cuatro veces, ya que la elección que dejó a la suerte no era de su agrado. Ni que decir tiene que finalmente llevó consigo la muñeca que nunca salía elegida con la rifa.

Cuando crecemos, y estamos frente a una elección algo más difícil que decantarse por una muñeca, analizamos las situaciones con sus PROS y sus CONTRAS.

            Hacemos dos columnas y comenzamos a escribir cosas por las que la elección sería buena, y cosas por las que sería mala. Pero ser objetivos con nosotros mismos es complicado; si creemos que será buena, conseguiremos encontrar razones para añadir más pros que contras a nuestro folio en blanco. Por el contrario, si de verdad no lo deseamos, o no estamos seguros, será la columna de los contras la que tenga mayor número de razones. 




También, hay quien prefiere dejar la elección al azar, y utiliza el truco de la moneda: “si sale cara, SI; si sale cruz, NO.” No sé vosotros, pero yo misma muchas veces, después de lanzar la moneda al aire, he terminado eligiendo la opción que desde un principio quería.





Esto ocurre porque a veces nos cuesta arriesgar. Sabemos lo que queremos, lo que nos dicta el corazón, pero no siempre nos atrevemos a hacerle caso. 


Por supuesto que no es algo sencillo. En la otra cara de la moneda está el miedo.


 El miedo es una reacción natural de nuestro cuerpo, un mecanismo de defensa como respuesta a un peligro o amenaza, que puede ser real, pero también imaginario. El miedo aprendido es ese que se obtiene bien después de haber vivido una experiencia negativa, como el miedo a las picaduras de avispa o acudir al dentista, o bien porque nos han hecho aprenderlo. 




El miedo nos impide avanzar. 



Ten el coraje de seguir tu corazón y tu intuición, de algún modo ellos ya saben lo que realmente tú quieres saber. Todo lo demás es secundario”, dijo Steve Jobs, cofundador de Apple, en uno de los discursos más inspiradores que se han escuchado (en este enlace podéis visualizar ese momentohttp://www.youtube.com/watch?v=HHkJEz_HdTg).




Hay algo peor que el miedo, y es la duda eterna. "¿Y si....?"; "¿Y si hubiera hecho aquello?; "¿Y si le hubiera dicho...?".

Planteémonos en su lugar "¿Y si sale bien?", y sigamos luchando.


Ya lo decía El Principito:  "Sólo con el corazón se puede ver bien, lo esencial es invisible a los ojos.” Hagámosle caso.

Sigue buscando. No te conformes. Sigue a tu corazón. Feliz semana.


















lunes, 27 de enero de 2014

Polo positivo.

           Cómo ya habréis ido viendo, desde Positimento nos empeñamos en haceros valorar las pequeñas cosas que día a día nos sorprenden. Lejos de ser una cuestión de suerte lo que haga que te topes con esas bonitas cosas diarias, creemos que es una cuestión de actitud y de auto explicación del mundo que nos rodea y de los acontecimientos que nos van pasando a lo largo de nuestras vidas.


           Un libro que estos días me ha ayudado mucho a pensar sobre ello es el del psicólogo Martin Seligman titulado  Aprenda optimismo.
       En sus páginas me topé con una historia que me enseñó mucho acerca del daño o beneficio que nuestra manera de ver las cosas puede hacer a nuestra manera de vivirlas. En ella habla de la situación vital que vive Sophie y que me recordó mucho a la que había vivido hace unos años un buen amigo mío.
          La chica que describía Seligman estaba pasando por un momento depresivo en el cuál todos sus pilares se estaban desmoronando, o al menos eso creía ella. Al igual que mi amigo, ambos son hijos únicos y ambos gozan del profundo cariño y apoyo de sus padres para todo; ambos tienen un sano círculo de amigos y han sido siempre buenos estudiantes; han gozado de buenas relaciones amorosas y no han tenido problemas económicos. Y sin embargo, los dos se encontraron en un momento de sus vidas sumidos en una profunda crisis vital. 


          Lo destacable en ambos es que, pese a no tener ninguno de los dos en aquél momento ningún problema insuperable,  se sintieran tan solos, desvalidos, desprovistos de un presente en el que sentirse felices y sin ganas de dibujar un futuro que les alentase a luchar.

         Me impactó descubrir cómo dos personas que habían demostrado tanta capacidad de esfuerzo hasta ese momento, se viesen sumidas en una situación en la que hasta el mero hecho de decidir qué tarea escolar elegir primero les supusiese todo un esfuerzo. Habían perdido toda razón para estudiar, trabajar,...Incluso levantarse de la cama y afrontar un nuevo día carecía de todo sentido. Ambos habían perdido el
sentido de vivir



        Pensando en sus historias y viendo como ambos afrontaron su "crisis vital" es como me hice una idea de hasta qué punto nuestro propio planteamiento negativo de lo que nos está pasando nos puede llevar a un estado depresivo

         No es si no un enfoque contrario, el positivo, el primer punto del cambio y que en el caso de mi amigo funcionó de manera casi instantánea. Al afrontar de manera diferente los pequeños problemas que le surgían en el día a día, donde antes veía grandes montañas llenas de situaciones inevitables que se repetirían una y otra vez y cuya única finalidad era hacerlo sentir más y más hundido, empezó a ver retos, pruebas en las que hacerse mejor persona y más fuerte.


        Y ese enfoque no solo le ayudó a
superar esos pequeños problemas, si no que le sirvió también para disfrutar de muchas cosas que se estaba perdiendo por el camino: dónde antes había tareas que él consideraba que solo contribuían a aumentar sus niveles de estrés, ahora tomaba retos; dónde antes veía simplemente soledad, ahora veía tiempo para mirar solo para él mismo, sus proyectos y sus sueños.

       Sin darse cuenta, empezó a disfrutar de otros muchos pequeños momentos de los que tanto hablamos en
Positimento: empezó a disfrutar de cada rato con sus amigos sin otro planteamiento que disfrutar de su compañía, reír o arreglar el mundo con ellos; se descubrió valorando hasta que el aire le diese en la cara o que al salir de casa pudiese escuchar el cantar de un pájaro. Nimiedades que habían estado siempre ahí, esperando a que su visión del mundo pasase del lado oscuro al polo positivo.